domingo, 18 de julio de 2010

Día 1


El desayuno:
Querido diario, hoy he comenzado esta aventura encaminada a perder peso, pero la verdad es que mi fuerza de voluntad es muy pequeña, ya me gustaría ser como una de esas heroínas de película que pueden con todas las adversidades y desechan todas las tentaciones, pero yo no soy así. Un bombón en mi camino es como la manzana para Eva... Horrible, soy una pecadora por naturaleza. Así pues me dispuse a desayunar y de paso a hacer un experimento. Comencé desayunando sola, así que con un té con edulcorante, una gotita de leche y una tostada de pan integral con miel me sentí feliz. Hasta aquí todo bien ¿no? El problema es cuando decido tomarme una segunda taza de té con toda la familia sentada desayunando, ya no estaban las tristes tostadas encima de la mesa, eso se había llenado de colorido, y carbohidratos, ya se habían unido al festín el nesquick, los chococrispies, las medias noches, la mermelada, la mantequilla, las campurrianas... Vamos horrible, el peor momento de mi vida, y caí, como el ser débil y  goloso que soy y me comí dos campurrianas mojadas en mi triste te con sacarina. Evidentemente luego me sentí culpable y eso me provocó ansiedad, que calmé con un bombón de chocolate y un flan. Son la una del mediodía y tengo más hambre que el perro de un gitano. ¿Por qué me quiero poner a dieta? ¿No es mejor romper todos los espejos y sacarles los ojos a todos los humanos que se cruzan en mi camino?.
Es evidente que el hambre me hace desvariar.

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