martes, 20 de julio de 2010

Día 2

Hoy me he tomado las cosas más en serio, comencé el día con un frugal desayuno, de hecho no desayuné,  tomé un yogurth desnatado y edulcorado de limón y a las diez partí rauda botella de agua en mano hacia la playa en pos de mi clase diaria de gimnasia de bajo impacto. La verdad es que las clases de gimnasia son un cuadro, porque hay gente de todas las edades, desde pequeños que van con sus abuelos/as hasta personas que rondan los 70 y... Pero son unas clases excelentes, cada cual las hace a su ritmo y ayudan a mantener la elasticidad, mover los músculos y desagarrotar a esta pobre y sedentaria escritora. Después de la clase de gimnasia, y aprovechando que había acudido a la orilla del mar en compañía de Rubén, el hijo de mi marido, aprovechamos para jugar en la arena y almorzar en la playa. Él un riquísimo cornete de tres chocolates que yo miraba babeante. Yo, una nectarina y casi un litro de agua muy fresca.. ¡qué diferencia!, pero todo sea en pos de la talla cuarenta perdida. La comida no estuvo mal, una deliciosa ensalada con lechuga, huevo duro, tomate, atún, sal, aceite de oliva y vinangre, acompañado por agua, comida frugal, excelente para estos tiempos veraniegos. La merienda me la salté, tuvimos que salir a comprar. Aquí viene un consejo, nunca vayas a hacer la compra con hambre, cuesta mucho más no ceder a las tentaciones. Me puse firme y no cedí. A la hora de la cena tenía algunos problemas, como buena madre de familia y ama de casa a tiempo parcial debía cocinar para los "diablos" que tengo en casa, esos que nunca tomarán una comida dietética, sobre todo Rubén, que es lo más parecido que he visto en mi vida al espíritu de la golosina. Tenía hambre, lo juro por todos los croissantes que me he comido en mi vida y jamás volveré a comer. Tenía un problema, así que llamé a mi gurú mágico de la dieta, el oráculo de toda persona que quiera perder peso,   mi hermana, que es a las calorías lo que Hitler a los judíos. La conversación versó sobre los diferentes aspectos de la dieta, un poco de :- estamos contigo, y te apoyamos en esto...  y demás cosas que se suele decir a los desamparados o condenados a la silla eléctrica. Al final me enteré de lo importante, podía comer por la noche, pero solo fruta y como mucho un yogurth desnatado y edulcorado. Le hice caso y las dos nectarinas que me quedaban pasaron a mejor vida. Además obtuve un nombre, el del Dios de las dietas sin sufrimiento. Montignac. Aprovecho para dejaros un link donde sabréis más sobre estas dietas http://www.montignac.com/es/la_methode.php en siguientes post os dejaré además recetas y cosas de esas. En conclusión, hoy he cumplido mi objetivo. Y como dicen en alcoholicos anónimos, nunca más, dí un día más (en este caso sin saltarme la dieta)

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