Reflexiones en tiempo de hambre

 Hay días en los que seguir una dieta se vuelve especialmente difícil, la mente comienza a desvariar y las cosas cotidianas adquieren nuevas formas a tus ojos. Y no se si es exactamente hambre lo que estoy pasando, creo que tiene que ver mucho más con la ansiedad. Y aquí es donde viene el problema fundamental, controlarla. 
He de reconocer que no soy la persona más relajada del planeta, ni siquiera la número 500.000 en la lista de los más relajados. Y no pondré la excusa recurrente del trabajo, el stress, los niños, etc. Porque no es la verdad, yo soy así, me cuesta relajarme, me cuesta estar tranquila, y soy nerviosa y ansiosa por naturaleza, y este es el otro gran trabajo que tengo pendiente junto con la dieta. 
Hoy me he dado cuenta de una cosa. Ayer terminé de entregar todas las cosas que tenía pendientes, por lo tanto el día de hoy podía ser una excelente oportunidad para relajarme, dedicarme a mi, hacerme un peeling, arreglar la casa, o simplemente tirarme a la bartola. No me va mucho lo de tirarme a la bartola, me aburro enseguida, a menos que esté leyendo, escribiendo, mirando una película, o cosa por el estilo. Y malditos sean los hados, he terminado con todas las lecturas que tenía en casa, no tengo ninguna peli nueva para ver, la tele me aburre y no tenía ganas de escribir. ¿Y sabéis que me pasó? Comencé a tener un hambre descomunal, no lo comprendía, hoy comí bien, lo podréis comprobar en el día 4 de la dieta, pero tenía hambre. Mejor dicho, creía tener hambre, lo que tenía realmente era ansiedad causada por el aburrimiento.¿Cómo me di cuenta?, porque en vez de pasar por la nevera me bajé hora y media a nadar a la piscina, y mientras estaba nadando me olvidé del hambre, de echo, no tenía ni pizca de hambre...estaba genial. Lo malo es que refrescó y tuve que salir de la piscina y volver a casa, y me volvió el hambre, que solucioné con un mango y un litro de agua. 
Mi conclusión es que el ejercicio físico o mental calman el apetito.



Si hay algo que espero, es que nadie tome este diario como el de una experta en dietas, es más creo que no habré hecho más de dos o tres dietas en mi vida, si que es verdad que pasé un tiempo obsesionada con las calorías, pero la mayor parte de mi vida he controlado el peso con el ejercicio físico, comiendo poco, o vaya a saber uno como lo he controlado, nunca he estado excesivamente delgada por que no soy de esa constitución, pero tampoco como un tonel de cerveza, la mayor parte de mi vida la he pasado en una talla 40/42, he tenido momentos de talla 38, pero no quiero volver a ello, no me quedaba nada bien, considerando que mido un metro setenta y siete centímetros y que lo que más me adelgaza es el torso y la cara, se me pone una cara de chupada que parezco más enferma que delgada, así que prefiero una sana talla 40 y si por la edad eso es complicado, con una 42 me conformo, aunque no demasiado. Además hay que tener en cuenta que tengo una lesión de rodilla bastante jodida, y eso me está provocando molestias y algún que otro trastorno, por ejemplo no puedo hacer aeróbic, que es uno de mis ejercicios favoritos, ni nada que se le parezca, espero que al volver a mi peso mi rodilla sufra menos y me permitan ese tipo de ejercicio. Lo del spinning ni me lo planteo, además de que me han dicho que no es nada bueno para mi lesión, la simple idea me horroriza..